15 sept. 2015

MÁS DIFÍCIL TODAVÍA




14 de septiembre, vuelta al cole. Lo que puede parecer en un principio un tema fácil de ilustrar fotográficamente se convierte en odisea cuando se trata de menores de edad. Cada empresa tiene su código y en la mía no se retrata a los menores. Así que imaginaos el ingenio de los fotógrafos para sacar una foto decente en un tema donde los protagonistas, que son los niños no pueden salir reconocibles. 


¿Y qué significa reconocibles? Significa que obviamente no puedes enviar ninguna imagen donde aparezca una sola cara de un niño, ni de frente, ni de lado, ni boca arriba, ni boca abajo. ¿Y eso no se arregla con pixelarlos? Pues no, no lo arreglamos así. Tal vez sería una solución rápida pero un poco chapucilla porque reconozcámoslo, ver una foto donde la vista se te va a una cosa extraña como unos cuadros gigantes le quita la gracia a todo. ¿Y eso en qué se traduce? En que, Marta, olvídate de caritas de ilusión por reencontrar a los amiguitos, en expresiones de dolor por ver cómo los papis se marchan, en rostros emocionados por ver lo chulas que son las nuevas aulas dejando atrás los barracones… Otro día os contaré el “más difícil todavía II” intentando hacer una cabalgata de los Reyes Magos. Y es que ¿qué es una cabalgata sin una expresión de flipe total de un niño? Una misión imposible.


Así que ayer crucé los dedos y dije “¡A por ellos!”. El recurso más fácil siempre suele ser el de hacerlos de espaldas… pero a no ser que la foto tenga muchísima potencia, las espaldas no hacen más que molestar porque en el fondo siempre que miramos a alguien lo hacemos a la cara. Imaginaos además lo difícil que es encontrar que toooodos los niños que aparecen en la imagen estén de espalda. Es una vuelta al cole, con tropecientos niños y cuando encuentras una situación que piensas que vale la pena de repente te das cuenta que detrás o en el fondo o colgados de una liana o por el sitio más inverosímil aparece la carita de algún renacuajo haciendo que esa foto ya no sirva para nada.


Mi frustración es que estuve más de 5 minutos persiguiendo a dos niños monísimos. Una niña de pelo rizadísimo que no paraba de jugar con una plancha del pelo y a su hermano vestido de rey moderno con unas gafas amarillas chillonas. ¿El ambiente? Una sala chulísima emulando un camerino con disfraces, espejo para acicalarse… y ese espejo que me miraba y me decía “venga, aproxímate y hazles la foto desde mi reflejo, ahora que me miran de frente…” y yo negándome “¡no! ¡Que no puedo, no me lo pongas más difícil!”. Pero después aún apareció otro niño súper tierno a punto de colocarse una nariz de payaso en la misma sala… “Este enano tendría un primer plano buenísimo con ese rojo potente y esa cara inocentona…” Y se la probó y estaba tan gracioso… y mientras yo con mi cámara en mano sin poder mirar por el objetivo… 


Pero ayer salí contenta. Hay veces que los astros se alinean y otras que no. Obviamente la experiencia es un grado pero la suerte si está de nuestra mano lo hace todo más llevadero. Ayer no sé si fue lo primero más que lo segundo, lo segundo más que lo primero o lo que es más probable, una buena mezcla de las dos. El caso es que estas dos imágenes resolvieron, a mi parecer, muy bien el tema sin necesidad de poner demasiados hombros de por medio. ¿Qué mejor que dos criaturas que por sí mismas ya se esconden inconscientemente de la cámara?


 


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